sábado, 9 de febrero de 2013

IMPORTANCIA DE LOS FENOMENOS CADAVERICOS PARA LA MEDICINA LEGAL



La palabra cadáver deriva del latín (cae­dere, caer). Son sinónimos las expresiones oc­ciso (del latín occisers, que muere violenta­mente), fallecido (fallere, morir) y difunto.

Una vez extinguida la vida, el cuerpo em­pieza a experimentar una serie de cambios que se denominan fenómenos cadavéricos. Estos pueden clasificarse en dos tipos: tem­pranos o inmediatos, y tardíos o mediatos.

En los primeros, el cuerpo mantiene su morfología macroscópica; en los segundos, sufre alteraciones hasta su completa destruc­ción, que es la evolución natural de los fenó­menos cadavéricos. La excepción la constitu­yen los fenómenos tardíos conservadores, que interfieren en ese fin inexorable.

Evolución de fenómenos cadavéricos

Los fenómenos cadavéricos pueden ser inmediatos, es decir la extinción de las funciones vitales del sistema nervioso, cardiovascular y respiratorio; consecutivos, constituidos por procesos y modificaciones físicas, químicas y biológicas y transformativos que incluye la putrefacción cadavérica, producida por acción bacteriana que destruye el cadáver paulatinamente.

Enfriamiento

El hombre es un animal homeotermo cuya temperatura corporal se mantiene constante gracias a un conjunto de procesos exotérmicos. El cese de estos procesos dará lugar al enfriamiento progresivo del cadáver (algor mortis), fenómeno conocido desde antiguo, que fue objeto de investigaciones sistematizadas.

En térmicos generales en enfriamiento cadavérico transcurre de forma gradual, disminuyendo la temperatura de modo progresivo hasta igualarse con la del medio ambiente. En cierto modo, este curso se ha comparado a lo que ocurre con un cuerpo metálico caliente, cuando ya no recibe más calor; dicho de otro modo, el cadáver , a partir del momento de la muerte, se comportaría como una plancha desconectada de la corriente. 

Tal formulación, sin embargo, no es absolutamente exacta, al menos en los primeros momentos del proceso; en efecto, el calor corporal del cadáver suele conservarse durante un cierto tiempo después de la muerte y aún aumentar en ciertas circunstancias.

Livideces cadavéricas.

Con el cese de la actividad cardíaca se inicia, mediante una contracción vascular que progresa desde el ventrículo izquierdo hacia la periferia, un amplio desplazamiento de la masa sanguínea, que vacía las arterias y es origen de una hiperrepleción de las venas. A partir de este momento la sangre queda sometida, de modo exclusivo, a la influencia de la gravedad, por lo que tiende a ir ocupando las partes declives del organismo, cuyos capilares distiende, produciendo en la superficie cutánea manchas de color rojo violado, variando entre límites muy amplios desde el rojo claro al azul oscuro, conocidas con el nombre de livideces cadavéricas (livor mortis).

Rigidez cadavérica.

Inmediatamente después de la muerte, se produce, en las circunstancias ordinarias, un estado de relajación y flaccidez de todos los músculos del cuerpo. Pero al cabo de un cierto tiempo, variable aunque en general breve, se inicia un lento proceso de contractura muscular, que ha sido denominado rigidez cadavérica (rigor mortis).

Sus caracteres han quedado magistralmente reflejados en la definición de Lacassagne: “Estado de dureza, de retracción y tiesura, que sobreviene en los músculos de la muerte”. Dicho estado aparece constantemente en los cadáveres, variando solamente el momento de instaurarse en los cadáveres, variando solamente el momento de instaurarse, que excepcionalmente puede ser muy precoz o muy tardío. Se produce en toda la serie animal, incluso en los de sangre fría. Afecta tanto a la musculatura estriada del aparato locomotor como al miocardio, diafragma y músculos de fibra lisa.

Espasmo Cadavérico.

Constituye un tipo especial de rigidez cadavérica que se manifiesta de forma instantánea, es decir, sin que tenga lugar la fase de relajación muscular previa que sigue a la muerte, y precede a la instauración de la rigidez ordinaria. Este carácter es lo que diferencia el espasmo cadavérico de los casos de rigidez precoz, en los cuales, por muy prematuramente que se establezca, siempre hay un período transitorio de flaccidez muscular. Contrariamente el espasmo sigue a la última contracción vital, fijando la actitud o postura que tenía el cuerpo en el momento de la muerte.

TANATOCRONODIAGNOSTICO

La determinación de la data de la muerte es uno de los problemas más complicados que se le pueden presentar al médico legista; pero también su importancia criminológica es trascendental. Fijar con exactitud el momento en que se ha producido una muerte equivale, en la mayor parte de las ocasiones, a descubrir al verdadero autor y a librar de una falsa acusación al inocente.
El diagnóstico de la data de la muerte se apoya en nuestros conocimientos sobre el momento de aparición y la evolución cronológica de los fenómenos cadavéricos. Pero, como es sabido, multitud de influencias activan o retardan los cambios cadavéricos, influencias unas veces de origen ambiental y otras propias del cadáver. Por ello, cuando en la práctica se dice que un cadáver tiene una data de cuatro o seis días, o de cuatro o seis meses, no se hace más que una presunción aproximada, ya que cadáveres de distintas fechas pueden presentar el mismo aspecto y cadáveres de la misma data sometidos a influencias diversas pudren con distinta rapidez.

Por estas razones se han multiplicado las investigaciones tendentes a proporcionar el signo ideal que llegara a determinar con exactitud la data de la muerte; hasta el momento, sin embargo, ninguno ha satisfecho esta aspiración. Para fijar la data de la muerte no hay que basarse sólo en un signo, sino en un conjunto de ellos y valorarlos críticamente, teniendo en cuenta una multitud de circunstancias exteriores y también individuales que pueden influir en la marcha y duración de los diferentes fenómenos cadavéricos. Se trata, efectivamente, de datos que cada uno por su lado carecen de significado determinante, pero adquieren peso y valor a través de su recíproca integración.

Decía Corín: "Todos los métodos y procedimientos imaginables para determinar con precisión el momento de la muerte, excelentes cuando se les estudia en los animales de laboratorio o in vitro, se resienten en la práctica de dificultades que provienen de factores que obran en los más diversos sentidos y de los cuales no se da uno apenas cuenta en el terreno experimental". Y, por las mismas razones, afirmaba Orfila que la solución del problema de la cronología de la muerte era una empresa superior a las fuerzas humanas; agregando Thoinot que tal afirmación axiomática resulta verdadera en general.


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